Asociación Canaria de Empresarios de Recuperación, Reciclaje y Centros CATS.

Localiza Desguaces

La recuperación del vidrio crece un 10% anual y se acerca al objetivo europeo del 60%.

 

En el año 2007 se recogieron 936.336 toneladas de vidrio: el 70% procedentes del contenedor verde (657.329 toneladas), mientras que el restante 30% venía de plantas de selección o eran botellas retornables de hostelería.

La Vanguardia visitó hace unos días un conjunto de instalaciones que permiten completar la cadena del reciclado de vidrio, una sucesión de eslabones industriales bien sincronizados que sirven para ahorrar materiales, reducir el consumo de energía y las emisiones y, por tanto, combatir el cambio climático.

Planta para tratar el vidrio. En primer lugar, visitamos la planta de tratamiento de Daniel Rosas, en la Zona Franca, donde se recupera el 75% del vidrio captado en iglú en el área de Barcelona. En plantas como esta, el vidrio se selecciona mediante diversas cribas (se extraen etiquetas, plásticos y demás) hasta obtener un material menudo y triturado (calcín) que se empleará luego en la fabricación de envases. Para obtener un buena materia prima de calcín, es fundamental una buena separación en el hogar y una recogida selectiva. Los responsables de la planta recuerdan que en el iglú verde se deben depositar sólo botellas, tarros y frascos de vidrio, pero nunca cristal (vasos, copas, ventanas...); ni mucho menos cerámicas, porcelana, metal o plástico. La loza y la cerámica tienen una composición química y una temperatura de fundición distintas a la del vidrio. Por eso, si estos materiales llegan a los hornos vidrieros, producen botellas y frascos muy frágiles que hay que desechar.

Fábrica de botellas de vidrio. En la fábrica de envases de Saint-Gobain, en Montblanc (Conca de Barberà), vimos cómo el calcín se mezcla con las demás materias y se introduce en hornos a 1.500 grados. El calcín se funde antes, y así, se ahorra energía. "Necesitamos el calcín, cuanto más, mejor. Podemos trabajar sin él, pero entonces consumimos más energía y aumentamos las emisiones de CO2". señala Eulogio López, director 2 de la fábrica de envases de vidrio de Saint Gobain en Montblanc."Las plantas vidrieras operan con unos derechos de emisión de CO2 que asigna la Administración 2 y que, en principio, no debemos superar para no tener que comprarlos o compensados con los derechos de otras plantas", añade López. El calcín puede representa entre el 20% y el 80% del material empleado.

Planta de envasado. El ciclo se cierra en plantas envasadoras como la que tiene la cervecera Damm en El Prat, donde se rellena tres millones de botellas al año. La factoría emplea vidrio retornable en tres cuartas partes del envasado en botellas, y todas las botellas (tanto las retornables como las no retornables) se pasteurizan para asegurar su calidad microbiológica. Los responsables de la planta indican que sólo sufren un 2% de pérdidas de envases de vidrio: si la botella se rompe, por rozamiento, golpes o explosión en el lavado, el vidrio se enviará a reciclar como calcín.

El vidrio retornable tiene larga vida y es, de hecho, una eficaz manera de evitar consumos de energía y reducir emisiones de CO2 en la fabricación. La vida útil aproximada de la botella de vidrio retornable es de cinco años. La popular cerveza mediana de Damm puede ser rellenada 18 veces (cubren un ciclo de 3,45 vueltas al año), mientras que el quinto puede servir hasta 20,5 veces (y cubrir el circuito de ida y vuelta al bar 4,12 veces al año).

Los usuarios pueden reconocer fácilmente cuándo un envase ha pagado por su reciclado. El logotipo (punto verde) es la etiqueta que asegura que el vidrio, si se deja en el contenedor, entrará en el circuito de reciclado. Cuando un usuario compra una botella de whisky u otra bebida, paga una tasa y así se garantiza su reciclado, recuerda Marc Martí, responsable de Ecovidrio en Catalunya y Baleares. "Los envases están muy controlados", sentencia.

En cambio, una puerta blindada de un banco o un cristal de un coche no pagan ecotasa para prever qué se hace con esos materiales cuando se conviertan en residuos, con lo cual, cuando se produce su desguace o desmontaje, se crean unos residuos cuya gestión acaban pagando los ayuntamientos hipotecando espacios en vertederos. "No se piensa en cómo financiar el reciclado de objetos de larga vida que acabarán siendo residuos", dice Martí.

Fuente: Gremi de Recuperació de Catalunya